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Cómo detectar enfermedades neurodegenerativas en mayores

El envejecimiento en las personas genera ciertos problemas y especialmente un aumento de las enfermedades neurodegenerativas

A menudo es difícil ver dónde terminan los cambios “normales” y dónde comienzan los “patológicos”. Por ello, es importante detectar las posibles enfermedades en mayores a tiempo.

Enfermedades neurológicas en personas mayores

Las enfermedades neurológicas ocurren en niños, adultos y personas mayores. Aquí se incluyen dolores de cabeza y otras dolencias más fuertes, como, por ejemplo, la Enfermedad de Huntington o la Esclerosis Lateral Amiotrófica.

¿Alzheimer o no?

Muchas personas mayores asocian un deterioro de la memoria o deficiencias en el rendimiento intelectual como un síntoma de la vejez, pero también pueden estar asociadas con el Alzheimer.

En ambos casos, se asume que la afección no se puede contrarrestar e incluso muchos mayores niegan u ocultan sus problemas durante meses o años, en lugar de acudir al médico de cabecera para una evaluación más específica.

Sin embargo, la mayoría de los trastornos cerebrales se desencadenan por una gran cantidad de afecciones que no se localizan directamente en el cerebro.

Estos trastornos incluyen sobre-estimulación, fatiga, ronquidos con largas pausas en la respiración, falta de líquidos, fiebre, arritmia cardíaca, entre otros síntomas.

Diagnóstico precoz para detectar enfermedades neurodegenerativas en mayores

El propósito del diagnóstico del rendimiento cerebral, es excluir cualquiera enfermedad neurodegenerativa que pueda estar presente en la persona o identificarla lo antes posible.

El diagnóstico precoz no solo permite la intervención terapéutica en el curso de la enfermedad, sino que también permite comprender el comportamiento que el paciente mayor percibe como aterrador y extraño.

El diagnóstico se puede realizar mediante un procedimiento de dos etapas: el médico de familia será el responsable del diagnóstico inicial, que realiza con la ayuda de hojas de anamnesis específicas del paciente, incluida la anamnesis externa (interrogatorio de familiares).

Luego, el diagnóstico diferencial más complejo, es tarea de un especialista según lo recomendable por el médico de cabecera.

¿Cuáles son los signos y síntomas de las enfermedades neurodegenerativas en mayores?

Las enfermedades neurodegenerativas pueden producir una gama muy amplia de síntomas: neurológicos, psiquiátricos, atípicos e incluso mixtos.

Y, aunque estos síntomas pueden variar ampliamente, hay algunas señales que son algo comunes:

Síntomas físicos

  • Trastornos del movimiento (dificultad para caminar o para levantar un objeto).
  • Movimientos involuntarios.
  • Debilidad muscular o parálisis.
  • Ataxia, dificultad con el equilibrio.
  • Alteraciones sensoriales.
  • Convulsiones generalizadas o parciales.
  • Dificultad para hablar, dificultad para tragar.
  • Visión borrosa repentina, alteración de la visión del color o percepción de la luz.
  • Alteración de los movimientos oculares.
  • Alteraciones de las funciones básicas del cuerpo: respiración, ritmo cardíaco, función intestinal, termorregulación.

Síntomas psiquiátricos

  • Deterioro de la memoria a corto plazo o amnesia.
  • Estado de ánimo deprimido o depresión.
  • Cambios de personalidad.
  • Comportamiento anormal, agresión.
  • Alucinaciones visuales y auditivas.
  • Síntomas similares a la esquizofrenia.
  • Síntomas paranoides.
  • Confusión.
  • Alteración de la conciencia.

El principal desafío del diagnóstico médico, es el hecho de diferenciar los diversos síntomas a lo largo de la enfermedad. Al hacerlo, se puede determinar con más facilidad el tipo de afección.

Por ello, si una persona mayor presenta un síntoma que sugiera alguna enfermedad neurodegenerativa, debe consulta al médico lo antes posible. Un diagnóstico realizado a tiempo junto a un tratamiento adecuado, pueden ser clave para mantener con vida a la persona mayor por muchos años más.

Exámenes para el reconocimiento de las enfermedades neurodegenerativas

Como ya hemos comentado, las enfermedades neurodegenerativas conllevan una amplia variedad de síntomas.

Sin embargo, hay algunos síntomas a los que se debe prestar especial atención, especialmente si aparecen en conjunto.

El diagnóstico y la terapia pueden proteger a la persona mayor del desarrollo de trastornos graves, además de reducir o eliminar los que presente el paciente.

Hay que acotar que las terapias complementarias como la biorresonancia, la homeopatía, la acupuntura y otros métodos de medicina holística, no son 100% efectivas.

La efectividad de estos métodos es siempre un asunto individual y dependerá de la enfermedad específica, el organismo del paciente y su adherencia a las recomendaciones del terapeuta.

En este caso, los exámenes fisioterapéuticos se pueden dividir a grandes rasgos en:

  • Examen a nivel estructural

Incluye pruebas y escalas que evalúan el rango de movimiento en las articulaciones, la fuerza, la longitud de las extremidades, además de pruebas funcionales de partes individuales del cuerpo.

  • Examen neurológico

Incluye la evaluación de reflejos, espasticidad, sensación, percepción y coordinación. El examen neurológico se divide en un examen detallado del paciente (inspección), y los hallazgos psicológicos.

  • Examen a nivel de actividad cotidiana

Se analiza la marcha, las actividades generales de la vida cotidiana, el nivel de participación en la vida cotidiana, control postural y pruebas equivalentes.

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La importancia de las actividades físicas en nuestros mayores

Con el paso de la edad, la fuerza y ​​la masa muscular disminuye, lo que significa una menor capacidad para realizar las actividades cotidianas.

En ese caso, las personas pueden levantar menos peso y pierden energía con facilidad, lo que dificulta las tareas diarias e incluso el simple hecho de caminar se dificulta en gran medida.

Por lo tanto, la actividad física de las personas mayores es un aspecto importante a tener en cuenta y aquí te hablaremos más sobre este tema.

¿Cómo deben ser las actividades físicas en personas mayores?

A medida que disminuye la fuerza muscular, una persona mayor puede volverse más sedentaria y realizar una menor cantidad de actividades básicas.

Esto crea un círculo vicioso en el que la inactividad y una menor ingesta de alimentos, juegan un papel importante en la pérdida de masa muscular y la función motora en los mayores.

Debido a esto, las personas mayores tienen un mayor riesgo de caídas, fracturas y disminución de la densidad ósea, lo que se asocia con la aparición de una enfermedad conocida como la osteoporosis.

La respuesta a estos inconvenientes puede ser la actividad física, la cual debe ser correctamente seleccionada para que se adapte a cada caso particular.

El entrenamiento de fuerza estimula principalmente el crecimiento del tejido muscular, lo que permite obtener una fuerza y vitalidad satisfactoria.

También ayuda a mantener un peso corporal saludable, lo que alivia las articulaciones y retrasa la aparición de enfermedades degenerativas.

Ventajas de las actividades físicas en nuestros mayores

Gracias a la actividad física de las personas mayores, es posible mantener la flexibilidad y corregir rangos de movimientos en las articulaciones del cuerpo.

Al no realizar ninguna actividad física, se pueden tener dificultades para realizar las tareas cotidianas, como subir y bajar escaleras, levantarse de un sillón o cama, ir al baño, así como utilizar equipos ortopédicos como muletas o andadores.

Beneficios de las actividades físicas en nuestros mayores

Gracias al entrenamiento diario, es posible mantener un nivel adecuado de flexibilidad y movilidad del cuerpo.

Otro aspecto relacionado con los beneficios de las actividades físicas, es la prevención de caídas y además se puede obtener mayor energía corporal.

El entrenamiento en este caso, puede incluir ejercicios de equilibrio, gracias a los cuales la persona mayor puede trabajar su sentido del equilibrio y la estabilidad, lo que se traduce en un menor riesgo de caídas y, en consecuencia, menos probabilidad de lesiones peligrosas.

Las actividades físicas también disminuyen la probabilidad de osteoporosis, que es una de las enfermedades más comunes en mujeres mayores posmenopáusicas. Sin embargo, con la edad, el riesgo de desarrollar esta enfermedad también aumenta en los hombres.

Este es un problema digno de considerar, porque la enfermedad promueve fracturas de fémur, vértebras y antebrazo, las cuales dificultan significativamente el funcionamiento diario en la persona y pueden conducir a la discapacidad.

Gracias a la actividad física, se estimula la reconstrucción de los huesos, haciéndolos más fuertes, lo que reduce el riesgo de todo tipo de fracturas.

El entrenamiento también se encarga de mejorar la capacidad cardiovascular y la prevención de infartos, hipertensión, aterosclerosis e incluso ictus.

Además, el efecto de la actividad física regular es una caída de la presión arterial y una disminución de la frecuencia cardíaca, lo que aumenta la eficiencia física.

Por lo tanto, las personas mayores no deben tener miedo al entrenamiento y las actividades físicas, ya que tiene muchos beneficios y un impacto positivo en su calidad de vida.

Por ello, es importante fomentar estas actividades en personas mayores, ya que sin duda proporcionan un gran beneficio en la salud.

Cómo motivar a las personas mayores para hacer ejercicio con regularidad

Es importante introducir buenos hábitos en los mayores, como es el caso de la actividad física regular, una dieta saludable y minimizar estimulantes como el cigarrillo o el alcohol.

Cambios simples como caminatas más frecuentes o comer más verduras y frutas, ayudarán a mejorar la salud y a mantener la forma física e intelectual hasta la vejez.

Las personas adultas notarán los beneficios para la salud de la actividad física, tan pronto como seamos consistentes en sus acciones.

En este caso, la manera de ayudar a una persona mayor a mantenerse regular en sus actividades físicas, es determinar los días de la semana en los que se realizarán los ejercicios, y qué tipo de actividad es la más idónea (para que se sientan a gusto al realizarla).

Un plan específico ayuda a realizar una rutina de ejercicios ideal. Por ejemplo, los lunes se puede iniciar con una caminata de media hora, los miércoles con ejercicio en casa y los viernes con un día de ciclismo.

Si estás planeando una actividad más exigente para la persona mayor, como la bicicleta o el running, cerciórate que es recomendable para su edad o estado físico.

Y no olvides, las actividades físicas en nuestros mayores son de gran importancia para mantenerlos con buena salud y alejados del sedentarismo.

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La vida en las residencias después del COVID

En los 20 años que llevo trabajando en el sector de las residencias de mayores, he ido viendo cómo el sector ha ido evolucionando. He ido viendo cómo ha cambiado el perfil del usuario, usuario que cada día es más mayor, he ido viendo como se han profesionalizado los centros, como hemos mejorado en calidad, como se ha implicado a la familia en los cuidados de su familiar y, sobre todo, como al fin se está poniendo el foco en el usuario, y en sus gustos particulares.

Sin embargo, en este último año, he visto todo lo contrario. El sector ha dado un giro muy importante, y no a mejor. En un año, ha habido un retroceso abismal en la calidad de vida de nuestros mayores. Un cambio, que ha ocurrido tanto dentro de las propias residencias, como en el propio hogar de las personas mayores. Por esta razón, en PARQUELUZ, uno de nuestros objetivos principales durante toda la pandemia, ha sido mantener la calidad asistencial en todos nuestros centros, así como el bienestar general de nuestros usuarios, hechos que nos han supuesto por un lado un gran esfuerzo por parte del equipo, y por otro, una gran recompensa, puesto que la calidad de vida de nuestros clientes es nuestro objetivo prioritario.

Hace exactamente un año, los usuarios tenían establecidas rutinas a lo largo del día, rutinas que a la mayoría nos hacen sentir seguros. En caso de ser un usuario independiente, podría tener una rutina parecida a esta: “me despierto, me ducho, desayuno, hago ejercicio en el gimnasio, leo el periódico o salgo un rato a pasear, hago una tabla de gimnasia de grupo con el resto de compañeros, como, descanso, meriendo, participo en talleres cognitivos para que mi cabeza continúe funcionando, echo una partida al dominó o veo un rato la tele, descanso y a dormir”. Una rutina cómoda dentro de las posibilidades que me permite mi estado físico y cognitivo. 

Además de esta rutina, la mayoría podían ver casi a diario a sus familias, a algún vecino, podían salir a pasear, a comprar, a comer, …. dentro de su rutina, tenían “capacidad de elección”. 

¿Pero qué ocurre a partir del 15 de marzo de 2020? ¿Qué ocurre cuando empieza el confinamiento?

En primer lugar, los residentes dejan atrás dos cosas: a sus familias, puesto que ya no pueden verlas, y su capacidad de elección. Se acabó la rutina. Mejor dicho, la rutina ha cambiado por una mucho más simple. Los residentes se quedan un día tras otro en su habitación, con su compañero o compañera, viendo la misma cara las 24 horas del día, esperando que se abra la puerta y aparezca alguien diferente… eso sí,  alguien enfundado en un traje, con mascarilla y pantalla protectora, lo cual hace prácticamente irreconocible a la persona que accede a su habitación. Atrás queda la rehabilitación, el taller, el paseo, el dominó…… y las “sonrisas”. Atrás queda todo lo que se podía elegir. 

Y pasa un día, y otro, …… se hace muy largo. Y, ¿Cómo están nuestros residentes? ¿Cómo sobrellevan esta situación? Pues evidentemente todo esto les afecta igual que a todos, pero en general están bien. Es sorprendente la capacidad de adaptación y aceptación que esta generación ha llegado a tener. Como han sido capaces de aceptar lo que cada día se les iba imponiendo. A nivel sanitario están protegidos. El objetivo de todos es evitar a toda costa los contagios. Pero a nivel personal, a nivel social, a nivel psicológico…. ¿Quién los protege? Para esa protección estamos nosotros, los trabajadores de la residencia. Ni la administración, ni las familias…. solo nosotros estamos para este nivel de protección. 

¿Y exactamente, que es lo que hacemos los profesionales de PARQUELUZ para aliviar este sufrimiento y esta monotonía? Desde el primer momento, el equipo debe adaptarse a una nueva forma de trabajar. Cambian las tareas, los roles. Se requiere un gran esfuerzo por parte de todos para minimizar el riesgo de aburrimiento, inapetencia, desesperación, depresión, e inactividad de los usuarios. Esto va a suponer un gran desgaste psicológico del profesional. La clave de todo esto se haya en el trabajo en equipo, en el apoyo entre todos y cada uno de los trabajadores. Esta es la clave para poder seguir adelante y configurar un día a día diferente. El fisioterapeuta realiza un nuevo plan de actividad: gestiona paseos por turnos en parejas, por la mañana y por la tarde no saliendo de los propios pasillos de las plantas en las que están confinados. La psicóloga y la trabajadora social trabajan conjuntamente detectando a las personas con problemas de conducta para ubicarlas en las antiguas zonas comunes para evitar el aislamiento en la habitación. Gestionan las actividades en las habitaciones: puzzles, prensa, juegos de mesa. Y sobre todo, valiosos ratitos de conversación. Hay que visitar diariamente a todos los residentes. Necesitan nuestro contacto y nuestro apoyo, y nosotros necesitamos normalizar la situación en la medida de lo posible. 

Los auxiliares se reparten por plantas. Además de atender a las necesidades básicas de los usuarios: aseo, baño, alimentación, etc. colaboran con los técnicos con los turnos de paseos, las actividades físicas y las actividades de entretenimiento. Todos a una tenemos que conseguir que se sientan entretenidos y, sobre todo, que no se sientan solos. Ahora más que nunca somos su familia y no podemos fallarles. 

Los familiares necesitan saber de ellos, necesitan al menos verles, por lo que se habilitan varios teléfonos para poder hacer videollamadas continuamente. Desde el equipo técnico se les transmite tranquilidad y seguridad. Diariamente, Dirección les envía mediante lista de difusión, mensajes sobre el estado de los residentes y también mensajes tranquilizadores y de esperanza. Todos y cada uno han estado a la altura de las circunstancias. Todos y cada uno nos han sabido darnos ánimo para seguir adelante, han dado animo a sus familiares, y nos han acompañado en todo momento. 

Y el tiempo pasa y poco a poco los residentes vuelven a poder salir de sus habitaciones. Sin embargo, la normalidad no llega nunca. El centro se divide en varias cohortes (grupos reducidos de usuarios que funcionan independientemente unos de otros). Se pretende que, en caso de rebrote, solo afecte al pequeño grupo que forma la cohorte. Hemos descubierto que, a pesar de las circunstancias, estos grupos tienen cosas positivas. Durante el día se les observa más tranquilos porque ya no hay prisas. Ya no tienen que acudir a los profesionales, ahora son los profesionales los que acuden a ellos. Ahora hay menos desplazamientos por el centro. Se han adaptado a relacionarse únicamente con su grupo, y esto se nota en el ambiente del día a día.  

Aun así, considero que los usuarios dentro de la falta de contacto que han tenido con su familia, dentro del encierro en las habitaciones y de la falta de contacto con el exterior, nunca se han sentido solos. Siempre han tenido sentimiento de protección, y la atención que han necesitado. Y los familiares también. Dentro de este alejamiento, han podido vivir a través de una pantalla, desde las redes sociales, desde los videos que se les ha ido mandando, etc., el día a día de sus familiares, y estoy segura que lo han hecho desde la confianza y la tranquilidad, porque así nos lo han ido transmitiendo todo este tiempo. Es más, aun dentro de la pena, seguro que han agradecido que sus familiares estuviesen dentro y no fuera del centro, o lo que podría haber sido peor todavía, solos en su casa. 

Este año, entre todos hemos ido aprendiendo cosas nuevas. Nos hemos visto obligados a adaptarnos con miedo y angustia a las nuevas circunstancias, pero nos hemos ido relajando poco a poco con el paso del tiempo. Hoy en día ya no vivimos la situación con el miedo del principio.  Hoy tenemos un mayor control y conocimiento de la situación. Ya no nos limitamos a ser meros espectadores de lo que está sucediendo, si no que somos impulsores de los cambios que queremos. Y como cierre desde este pequeño artículo de opinión, me gustaría resaltar una idea, que aun después de haber pasado tanto miedo y tanta presión sobre todo por parte de los medios y la administración, llegados a este punto, en PARQUELUZ nos sentimos muy orgullosos de todo lo que hemos ido aprendiendo por el camino, y de cómo hemos sido capaces de remar juntos tanto trabajadores, como residentes y familiares. 

Y por supuesto, no puedo perder la ocasión de AGRADECER, tanto en mi nombre, como en el de todas las personas que trabajamos en PARQUELUZ, a las familias de los residentes ingresados en nuestras residencias, la confianza, la paciencia, el apoyo diario, y la fuerza que nos habéis dado. Habéis sido el impulso para seguir adelante en los momentos más duros. Sin vosotros, todo habría sido aún más difícil, y no habríamos tenido la energía suficiente para sobrellevar tanta carga y responsabilidad. GRACIAS!

También aprovecho para la dar enhorabuena a nuestro equipo. Chic@s, lo hemos conseguido junt@s! Seguimos adelante!!!

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Nuestros mayores, grandes olvidados.

Tanto profesionales sanitarios, como profesionales del ámbito de servicios sociales, familiares de personas mayores, vecinos, etc., han opinado acerca de lo que se estaba haciendo “bien” y lo que se estaba haciendo “mal” con las personas mayores en medio de esta pandemia. Y continúan haciéndolo en las distintas fases de la desescalada.

Ya estamos en “fase 2” en nuestra comunidad, donde se permiten las visitas en las residencias de mayores. Y se  han ido elaborando protocolos con la única finalidad de proteger a las personas mayores. Protocolos, todo sea dicho de paso, que se han elaborado rígidamente y con mucha cautela porque los centros de mayores ahora son el centro de atención, y es el tema de actualidad en el que toda opinión es válida y no necesita ser contrastada.

Y no lo comparto, pero en parte lo entiendo. Llevamos más de dos meses en tela de jucio por parte de los medios de comunicación y con un control feroz por parte de todos los agentes implicados en  llevar el seguimiento de esta pandemia.

Además, en nuestro país tradicionalmente se tiende a sobreproteger a las personas más vulnerables y nos aparece una actitud paternalista hacia ellos. Intentamos por todos los medios que no les pase nada, que no se caigan, que no se muevan (por si se caen), que esperen a nuestras indicaciones para poder hacer algo, decidimos que vistan de forma más cómoda (aunque nunca hayan ido con ese tipo de prendas) y que coman “cosas blanditas” por si se atragantan, entre otras muchas cuestiones cotidianas. Y lo mejor de todo, es que creemos que lo hacemos por su bien. Pues nada más lejos de la realidad.

Profesionales sanitarios, del ámbito de servicios sociales, familiares, vecinos del barrio…. desde la residencia llevamos varios años trabajando en un modelo de atención que no sobreproteja  a los mayores, ni tenga una actitud paternalista hacia ellos. Trabajamos sabiendo que la persona mayor es el centro de nuestra atención, que es imprescindible conocerla y saber de ella, porque esto hace que nuestro trabajo sea mucho más fructífero para ambas partes. Y al ser la persona mayor la protagonista de su vida, y además con capacidad de decisión, todo fluye. Con las medidas de protección adecuadas, el acercamiento de los mayores con sus familiares puede ser menos rígido que las imágenes que aparecen en la televisión. Además, cada persona es única, diferente. Al igual que lo es su forma de relacionarse con la familia. No podemos hacer un protocolo estricto, igual para todos, porque no son iguales y no funcionaría para todos por igual. Son personas, no objetos.

Volviendo al tema de las visitas después de esta reflexión, me pregunto ¿a alguien se le ha ocurrido consultar a los profesionales que trabajan en las residencias qué protocolo de visitas creen que sería el adecuado para su centro en concreto? ¿alguien ha pensado que las personas mayores también tienen capacidad para decidir cómo quieren las visitas familiares? ¿alguien ha caído en la incongruencia de que las personas mayores que están en sus domicilios desde la fase 1 pueden salir en los horarios establecidos, y las personas que están en las residencias, aún con todas las medidas sanitarias y de protección, lo tienen prohibido?. Más de dos meses, lleva la opinión pública con el foco puesto en las residencias de mayores,  pero NADIE, se ha dignado a preguntar, acompañar, o simplemente conocer la realidad concreta. Desde arriba, llueven protocolos elaborados por personas que no son profesionales de la tercera edad, que no conocen su realidad y que además, son ignorantes de cómo funciona una residencia. Y esos son los protocolos a los que hemos tenido que acogernos y mientras dure la desescalada nos seguirán marcando nuestro día a día.

Las personas mayores en estos momentos son títeres manejados por los demás, donde se han vulnerado sus derechos y se les tiene anulados por completo. Y lo peor de todo, es que mientras todo esto dure, se está maltratando a las personas que se intenta proteger.

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La deshumanuzación en tiempos de COVID. Lo que no mate el virus, lo hará la pena

Hoy 02 de junio miro atrás y me da vértigo. Aunque fui una persona previsora y en principio “alarmista”, nunca en la vida pude imaginar donde íbamos a llegar. 

Este virus convertido en pandemia, nos ha afectado de un modo u otro, absolutamente a todos. Personas que han perdido su trabajo, personas que no pueden ver a sus familias, personas que sufren ansiedad, depresión, personas que viven con sus maltratadores, personas que viven con miedo a infectar a sus familias, personas que han brindado su esfuerzo y su trabajo por estos enfermos, pero sobre todo, personas que no han podido despedirse de sus familiares, que no podido hacer un duelo, y las personas que han muerto solas, sin el rostro ni el tacto de un familiar acompañándolos en el final del camino. 

Me gustaría mostrar al mundo lo que hemos vivido desde dentro de una residencia, ya que, desde fuera, es tan simple como escuchar a nuestros políticos hablando de las residencias: ancianos que mueren en las residencias, falta de transparencia, fondos buitre, empresarios desalmados….

Pero desde dentro, lo vemos todo tan diferente…. Aquí dentro somos una familia, una familia compuesta por trabajadores, residentes, y familiares. Residentes que llegamos a querer como si se tratase de nuestras propias familias, y familiares, que son nuestro apoyo y nuestro aliento, nuestro ánimo para poder llegar hasta aquí. 

Dos centros, 200 usuarios con sus 200 familias, y 140 trabajadores. Cada trabajador diferente, cada uno con una vida, cada uno con una familia y cada uno con unos sentimientos. Médicos, fisios, animadores, trabajadores sociales, psicólogos, enfermeros, auxiliares, limpiadores, lavanderos, cocineros, pinches, personas de mantenimiento, directores, recepcionistas. La mayoría trabajamos aquí porque nos gusta nuestro trabajo, porque venimos felices a trabajar, y además de recibir un sueldo, recibimos algo muy importante, amor y respeto. Pero esto tan importante, solo lo recibimos de esta familia, la familia que formamos en Parqueluz. Desgraciadamente, fuera de esta familia las cosas no son así. De fuera generalmente, no recibimos ni amor ni respeto, más bien ignorancia y desprecio. A veces pienso que debe ser que, como nadie quiere hacerse viejo, es más fácil hablarnos con desprecio que con el respeto y la admiración que merecemos por cuidar y velar por los pilares de nuestra sociedad: NUESTROS MAYORES. 

A veces veo el morbo que suscitan las residencias. La verdad es que es algo que personalmente me da pena y rabia. Se habla de nuestro colectivo con una frivolidad que no merecemos. A veces nos gustaría un poco más de apoyo, no sentirnos tan solos y tan juzgados. Es triste que un trabajo tan digno y tan enriquecedor, sea para el mundo algo tan feo y triste. Qué pena que el mundo no pueda ver la alegría, el amor y el cariño que habita dentro de estos centros. 

En este tiempo que llevamos de pandemia, ha sido muy duro tanto para los trabajadores como para los residentes y sus familias. 

Los trabajadores hemos trabajado con miedo, miedo de enfermar, y miedo de hacer enfermar a nuestras familias. En un momento u otro todos hemos sentido síntomas, todos hemos sufrido este miedo. Hemos trabajado con gorros, peucos, doble mascarilla, monos que no transpiran, pantallas…. ¿Alguien se imagina lo complicado que es trabajar así? Lo complicado es duchar, asear y vestir a una persona. He visto auxiliares de poco más de 20 años sufriendo ataques de ansiedad, personas llorando aterrorizadas, personas asegurando tener los síntomas, y que luego han dado negativo en los test, personas que se han infectado y se preguntan que han hecho mal, pero lo que no he visto es a nadie tirar la toalla, nadie que no pudiera superar estos miedos, solo he visto valientes que sabían que se estaban jugando mucho. 

Pero, ¿y lo complicado que es para nuestros mayores? Los dejamos aislados en sus habitaciones, y les decimos que de momento no pueden ver a sus familiares. Aparecemos en sus habitaciones disfrazados, no nos ven sonreír, apenas nos escuchan a través de nuestras máscaras, les transmitimos miedo, e inseguridad, no nos conocen. Además, no pueden salir a la calle, apenas se mueven, pierden el apetito, y empiezan a perder fuerza y equilibrio. Algunos no llegan a entender su situación, otros la aceptan con resignación y tristeza. Saben que se encuentran en un tramo de la vida cercano al final, y les entristece mucho no poder aprovecharlo con sus familias. Aun así, la animadora, la psicóloga y el fisioterapeuta intentan sacarles una sonrisa y animarles a que se distraigan, en estos días tan duros y monótonos. También intentamos acercarles todos los días un poco a sus familias, les hacemos fotos, vídeos, videollamadas, les leemos cartas de sus familiares. 

Las personas que ingresan en una residencia, generalmente son muy mayores y generalmente tienen varias patologías. Suelen tener problemas de oído, de vista, de movilidad, y de conducta. Todo esto lo hace mucho más complicado para ellos. En estos momentos nos oyen peor, apenas nos distinguen, andan menos y quien sufre de alteración de la conducta, en estos momentos se suelen incrementar. 

¿Y sus familias? Las familias lo viven todo aun con más miedo y tristeza. Miedo a que su familiar se infecte, miedo a que se le ingrese en el hospital y no poder acompañarle, pero, sobre todo, miedo a no poder despedirle. Hay muchos familiares sufriendo gran ansiedad por esta situación. Por eso, intentamos tenerlos informados diariamente y absolutamente de todo. Les llamamos para informarles de cualquier cambio en la salud y en la conducta de su familiar, intentamos transmitirles ánimo, pero realmente son ellos los que todos los días nos mandan mensajes de ánimo y de gratitud. Ya no saben cómo agradecer que estemos cuidando a queriendo a sus seres queridos dado que ellos no pueden. Todos los días nos traen detalles para demostrar este agradecimiento: pastas, flores, bombones y un montón de cosas más para intentar endulzar estos momentos amargos. 

Y en estos momentos en los que estamos empezando el desconfinamiento, seguimos con esa falta de sensibilidad hacia nuestro colectivo. Las residencias de mayores son “focos” y deben continuar aislados. Aislados y sin ver a sus familias. Dicen desde la administración que hay que “protegerles”, pero yo me pregunto: ¿de verdad les estamos protegiendo? Solos, aislados, sin sentir el aire ni el olor de la libertad, si poder tocar a sus familias, sin poder ver crecer a sus nietos……. ¿De verdad los estamos protegiendo? 

¿Por qué las personas que viven en sus casas pueden salir a la calle y ver a sus familias? Nuestros residentes viven en una residencia, pero es su casa. ¿Por qué no pueden salir ellos? ¿Por qué esta discriminación? ¿Por qué el COVID lo justifica todo? Hasta lo injustificable. 

¿Por qué nadie nos escucha? Nosotros tenemos nuestra propia idea de desescalada. Somos profesionales y conocemos a nuestros residentes. Pequeños paseos por grupos, siempre con las medidas higiénicas establecidas. Visitas familiares concertadas, con poca duración y las mismas medidas. ¿Dónde está el peligro? ¿A quién estamos protegiendo? 

¿Por qué al inicio de esta pandemia, nadie nos dio ninguna indicación, nadie nos ofreció ayuda, cuando siempre fuimos por delante de la Administración, estableciendo protocolos y planes de contingencia, incluso teniendo material de protección? ¿Qué ha cambiado ahora para que no podamos hacer nuestro propio plan de desescalada? En estos momentos nos sentimos tan abandonados como al principio.